BULLYING: EL “ABUSO DE IGUALES” Y SUS MANIFESTACIONES EN LA ESCUELA

martes, 18 de mayo de 2010
El bullying es una forma de comportamiento violento intencional, dañino y persistente que se da entre dos o más iguales y en el que una de las partes ejerce una conducta abusiva e intimidatoria que deja a las víctimas en situación de total indefensión, provocando en estas últimas daño emocional.
Un estudiante está siendo intimidado cuando otro estudiante o grupo de estudiantes le hace comentarios mezquinos o desagradables, se ríe de ella o él, o lo llama con nombres hirientes o molestos. Lo ignora completamente, lo excluye de su grupo de amigos, o lo retira de actividades a propósito. Lo golpea, patea y empuja o amenaza. Cuenta mentiras o falsos rumores sobre ella o él, le envía notas hirientes y trata de convencer a los demás para que no se relacionen con ella o él. Estas cosas ocurren frecuentemente y es difícil para el estudiante intimidado defenderse por sí mismo.

Así, las características del bullying son tres:
intencionalidad,
persistencia
y abuso de poder.
Adaptado de UNESCO, II Jornadas Educación en Cultura de Paz, (Bolivia, noviembre de 2007).

En la última década se ha incrementado mucho la toma de conciencia respecto a un problema que es tan viejo y generalizado como la propia escuela tradicional: el acoso entre iguales. Los resultados obtenidos en los estudios realizados sobre su incidencia reflejan que, a lo largo de su vida en la escuela, todos los estudiantes parecen haber tenido contacto con la violencia entre iguales, ya como víctimas, como agresores o como espectadores; esta última situación es la más frecuente.

La violencia entre iguales puede tener diversas formas de manifestación, las más comunes son las siguientes:
1. Verbal: insultos, apodos, etcétera.
2. Física: patadas, golpes, etcétera.
3. Psicológica: humillación, amenazas, chantajes, etcétera.
4. Relacional: aislamiento, rechazo, indiferencia, etcétera.
5. Sobre las propiedades: robo, ocultar la mochila, celulares, cuadernos, ropa, etcétera.
6. Sexual: al afectar comportamientos, actitudes y percepciones erótico-sexuales.

En todo episodio de violencia se presentan tres figuras: el agresor, la víctima y los espectadores.

Características de los agresores. El modelo dominio-sumisión como origen de la violencia

Entre las características que con mayor frecuencia se observan en los alumnos que acosan a sus compañeros (bullies), destacan las siguientes:

*Viven una situación social negativa, aunque cuentan con algunos amigos que los siguen en su conducta violenta.
*Tendencia acentuada a abusar de su fuerza (suelen ser físicamente más fornidos que los demás).
*Son impulsivos, con escasas habilidades sociales, con baja tolerancia a la frustración y tienen dificultad para acatar normas.
*Sostienen relaciones negativas con los adultos y presentan bajo rendimiento escolar, problemas que se incrementan con la edad.
*No son autocríticos (por lo que cabe considerar el resultado de varias investigaciones que avalúan la autoestima de los agresores como media o incluso alta).

Entre los principales antecedentes familiares suelen destacarse:
*La ausencia de una relación afectiva cálida y segura por parte de los padres, sobre todo de la madre, que manifiesta actitudes negativas o escasa disponibilidad para atender al niño y fuertes dificultades para enseñar a respetar límites, combinando la permisividad ante conductas antisociales con el frecuente empleo de métodos autoritarios y coercitivos, así como el castigo corporal.

Como los agresores tienen menor disponibilidad de estrategias no violentas para la resolución de conflictos, convendría orientar la prevención del problema en torno a las siguientes carencias que ellos manifiestan:

• Están de acuerdo con las argumentaciones que llevan a justificar la violencia y la intolerancia en distintos tipos de relaciones, incluidas las que se producen entre pares; tienden a manifestarse igualmente como racistas, xenófobos y sexistas, es decir, a identificarse con un modelo social basado en el dominio de los unos y en la sumisión de los otros.

• Tienen dificultades para colocarse en el lugar de los demás. Su razonamiento moral es primitivo en comparación con el de sus compañeros, siendo más frecuente entre los agresores la identificación de la justicia con “hacer a los demás lo que te hacen a ti o con lo que crees que te hacen”, orientación que puede explicar su tendencia a vengar ofensas reales o supuestas. Asimismo, comulgan con una serie de conceptos relacionados con el acoso escolar, como los de chivato y cobarde, que utilizan para justificar y mantener la conspiración de silencio que lo perpetúa.

• Están menos satisfechos que sus compañeros con su aprendizaje escolar y con las relaciones que establecen con los profesores. En este sentido, parece existir una estrecha relación entre la tendencia a acosar a los condiscípulos y la de hacerlo con el profesorado, así como, entre ambos problemas, la percepción de haber sufrido tal tipo de situaciones en su relación con los profesores.

• Son considerados por sus compañeros como intolerantes y arrogantes y ellos se sienten fracasados. El conjunto de características en las que destacan sugiere que cuentan con iguales que respaldan y apoyan sus agresiones, formando grupos con disposición a la violencia en los que se integrarían individuos que no han tenido muchas oportunidades de protagonismo positivo en el sistema escolar.

• La frecuencia con que se presenta este problema es mayor en la adolescencia temprana (13-15 años), etapa de la vida en que se experimenta mayor dependencia hacia el grupo de compañeros.

Los puntos hasta aquí expuestos evidencian la importancia que tiene la erradicación de situaciones de exclusión desde las primeras etapas educativas y favorecer la identificación de los adolescentes con los valores de respeto mutuo, empatía y no violencia para prevenir el acoso entre escolares.
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